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¿Qué tipo de terapeuta querés llegar a ser?
En el camino de la formación terapéutica, hay una pregunta que suele quedar en segundo plano, pero que es decisiva:

¿Qué tipo de terapeuta quiero llegar a ser?
Muchas formaciones ponen el foco en los contenidos, en las técnicas, en los modelos teóricos. Y eso es necesario. Pero no es suficiente.
Porque en la práctica clínica, tarde o temprano, ocurre algo inevitable:
una persona se sienta frente a nosotros y trae su dolor, su historia, su sufrimiento.
Y en ese momento, no alcanza con saber.
Importa, profundamente, quién somos nosotros al momento de escuchar.

El trabajo terapéutico no es solo técnico
Trabajar con jóvenes y adultos en psicoterapia implica mucho más que la aplicación de herramientas.
Implica desarrollar una forma de estar.
Una presencia que pueda alojar lo que aparece.
Una sensibilidad que permita reconocer el sufrimiento sin negarlo ni evitarlo.
Una profundidad que habilite a comprender lo que está en juego más allá de lo evidente.
El terapeuta no trabaja con síntomas aislados, sino con la experiencia humana en toda su complejidad.
Y eso requiere algo que no se adquiere únicamente en los libros.

El primer compromiso ético: conocerse a sí mismo
Quien decide acompañar el dolor de otros, se encuentra con un desafío fundamental: conocer su propio dolor.
No solo desde una comprensión intelectual, sino desde la experiencia vivida.
Reconocer las propias heridas, los propios límites, las propias zonas no resueltas, es parte del camino ético del terapeuta. Porque aquello que no vemos en nosotros mismos, muchas veces interfiere en la forma en que vemos al paciente.
La tradición del sanador herido nos recuerda que la capacidad de acompañar no nace de la perfección, sino de la experiencia humana asumida y elaborada.
No se trata de estar “resuelto”, sino de estar en proceso, con conciencia.

La compasión como base del trabajo terapéutico
En las terapias humanistas, la compasión no es un concepto abstracto, sino una actitud fundamental.
Compasión implica la capacidad de reconocer el sufrimiento del otro y el deseo genuino de aliviarlo, sin invadir, sin sobreproteger, sin perder de vista la responsabilidad del paciente en su propio proceso.
Pero no es posible desarrollar una verdadera compasión hacia el otro sin haber transitado un camino de autocompasión.
Es decir, sin haber aprendido a mirarse a uno mismo con una actitud más comprensiva, menos exigente, más humana.
Esta actitud no solo cuida al terapeuta, sino que crea las condiciones para que el paciente pueda desplegar su propia vulnerabilidad.

Formarse como terapeuta: un camino integral
La formación terapéutica no es solo acumulación de conocimientos. Es un proceso que implica múltiples dimensiones:

  • Formación teórica y metodológica, que aporta marco y herramientas.
  • Terapia personal, que permite reconocer los propios puntos ciegos.
  • Supervisión clínica, donde el aprendizaje se profundiza a partir de la práctica.
  • Desarrollo de actitudes internas, como la paciencia, la aceptación, la escucha sin juicio y la capacidad de estar presente.


A esto se suma una dimensión muchas veces olvidada:
la responsabilidad de construir una buena vida personal, coherente con la tarea que se realiza.
Porque el terapeuta, de algún modo, también es referente de un modo de estar en el mundo.

Una formación que integre profundidad y práctica
En un contexto donde abundan propuestas formativas fragmentadas o excesivamente técnicas, se vuelve necesario recuperar una mirada más integradora.
Una formación que articule:

  • Lo simbólico y profundo (desde la psicología junguiana)
  • Lo vivencial y experiencial (desde la terapia gestáltica)
  • Lo vincular y contextual (desde el enfoque sistémico)


Y que no se limite a transmitir contenidos, sino que promueva una verdadera transformación en la forma de ejercer la clínica.

Una invitación
Formarse como terapeuta es, en última instancia, un camino de transformación personal y profesional.
No se trata solo de adquirir herramientas, sino de desarrollar la capacidad de acompañar a otros desde un lugar más consciente, más presente y más humano.
Si estás en ese momento de búsqueda, tal vez la pregunta inicial vuelva a cobrar sentido: ¿Qué tipo de terapeuta querés llegar a ser?

Sobre la formación
En Casa Calma, desarrollamos una formación en Psicoterapia con Jóvenes y Adultos, desde un enfoque junguiano, gestáltico y sistémico.
Se trata de una propuesta presencial, teórica y vivencial, que incluye trabajo clínico, supervisión y un acompañamiento cercano en el proceso de formación.

Comienzo en abril de 2026.
Podés escribirnos para recibir más información.

Autor: Prof. Mag. Nelson Pérez Colev.